Habitar los espacios exteriores es un acto necesario para mejorar nuestra vida. Crear estos ámbitos es un proceso creativo-lúdico, donde la conexión con el entorno surge de manera espontánea. Afuera, los sentidos encuentran su lugar. Nos sentimos más felices y nos conectamos con lo que realmente somos. Las formas juegan con la luz que se filtra a través de la copa de los árboles. Los colores entran en escena y se produce un diálogo entre la naturaleza y el lugar que transforman la experiencia del espacio.
La creación de sectores in/out permite desdibujar los límites entre adentro y afuera, generando zonas de confort donde la transición es imperceptible. Así, se disfruta de las bondades de ambos mundos en un equilibrio armónico.